La Laguna, Vitrina Comercial del Páramo de Santurban

 


En los tiempos en que los vehículos y las carreteras no eran más que un sueño, el mundo se movía a lomo de mula. En ese contexto nace La Laguna como un punto donde se cruzaban los caminos de aquellos que desde Cúcuta o Pamplona se aventuraban a conquistar la montaña. Por el Mortiño y la Piñuela el camino del silencio se acercaba serpenteante; a su vez, por la loma del hato llegaban aquellos que desde Silos iniciaban su jornada. En este sitio las viviendas de la familia Collazos y Suárez servían de refugio a los cansados viajeros; además, se comerciaban los frutos del páramo: carne de ovejo, quesos y papa, entre otros, eran vendidos a los viajeros y arrieros que se encargaban de llevarlos a los mercados de Pamplona, Piedecuesta y Bucaramanga.

Cerca de La Laguna, por el año de 1854, se desarrolló una batalla cuando el general José María Melo tomó el poder. Los Sileros y los habitantes de la naciente Mutiscua, fundada pocos años atrás, subieron al cerro de Media Luna a luchar por sus respectivos partidos. A la postre, triunfaron las fuerzas legitimistas derrocando al dictador Melo y reivindicando en el poder al presidente general José María Obando. Dicha contienda se conoce como la Batalla del Cornal. 

A finales del siglo XIX el comercio entre ciudades se hizo más fuerte por el crecimiento de estas y por la demanda de productos y servicios que acarreaban las mismas. Esto generó el desarrollo de La Laguna como un pequeño puerto terrestre en la entrada del páramo de Santurbán y el Almorzadero, y como un paso obligado para todos aquellos que deseaban viajar al interior y exterior del país. 

Durante muchos años Benigno Suárez y Humberto Collazos eran los propietarios de los terrenos donde se erigió el corregimiento de La Laguna y se dedicaban en sus casonas a la agricultura y a comercializar los productos propios del páramo (queso, ovejo, cuajada, hortaliza, cerdo, papa) para todos aquellos que transitaban estas tierras. 

Durante el siglo XX el asedio de la violencia partidista era el pan de cada día de los habitantes de esta región. La violencia generada por las disputas entre liberales y conservadores promovió la creación de grupos insurgentes y de bandoleros que azotaron a los humildes pobladores de estos páramos nevados. La Laguna no fue ajena a esta realidad y sirvió muchas veces de cuartel para las tropas de los generales Ramón González Valencia y Vicente Villamizar 

Hasta 1936 el comercio estuvo centrado en Silos, En su casco urbano se abrían al público más de 10 establecimientos que mantenían una relación comercial con agentes extranjeros que permitia que a sus estantes llegaran las telas y bebidas más finas, además de gran variedad de artículos que hacían de Silos el epicentro de la vida de estas montañas, pero que con la apertura de la vía nacional se vieron relegados, pues ya los vehículos entraban en escena y el camino de herradura dejó de ser necesario y tan transitado, tomando especial importancia el puerto terrestre de La Laguna que desde ese momento fue testigo del paso y el progreso de los dos Santanderes.
 Desde que los vehículos aparecieron la carretera fue un sueño que se hizo realidad en la década de los 30 (1930-1936), con las consecuencias para el modelo de comercio a lomo de mula y así La Laguna tomó un nuevo esplendor e inició una época de oro en la que se comenzaron a construir nuevas viviendas Las familias Vera, Capacho, Suárez, Contreras, Hernández, Rozo, Cacua, Jaimes, entre otras, construyeron sus hogares y fundaron establecimientos comerciales que, hasta el día de hoy, brindan a los viajeros sus servicios talleres de mecánica, restaurantes, bares, droguerías, ferreterías, almacenes agropecuarios y el primer punto telefonico de la zona que durante muchos años fue atendido por doña Asunción Olaya o la droguería de doña Nubia Hernández siempre abierta para aquel que lo necesita y así tantos hombres y mujeres como Chorro, Pedro Pana, doña Angustias, doña Luisa, Chepe, los Monroy, el Gomelo, Los Culebros, los Gatos, los Suárez, los Contreras, los Hernández, los Pochos, los Capacho, los Jaimes, el Pastuso, el Zancas y todos los que se me escapan han forjado a fuerza de trabajo y empeño un bello Corregimiento llamado La Laguna

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