Babega, La Chamba y el Molino


 Existe un lugar escondido cerca a las riveras del Cáraba, es una comarca que parece salida de un cuadro de Vang Gogh: sigue el rumbo de la quebrada como queriendo ser transportada a lugares más lejanos, un tren de casas de ensueño, apacibles y tranquilas,  en un rincón olvidado y mágico donde el recuerdo de personas de muchas épocas se confunden con hombres y mujeres trabajadores que conservan las tradiciones de sus ancestros. 

Sus calles son máquinas del tiempo que guardan en las noches claras el paso lento de las mulas y los arrieros que  antaño iban para Pamplona, Bucaramanga o Málaga y encontraban en la casa de la planta un descanso a sus fatigosos pies y una fuente de aguas diáfanas  que restauraba las fuerzas perdidas.

Su clima abierto en la montaña invita a refrescar los pensamientos, tal como lo hizo Eduardo Cote Lamus evocando poéticamente parte de su historia, de sus lugares, de su sangre guerrera y tenaz.

Escritores, políticos y poetas han pasado por sus tierras haciendo de Bábega parte de su recuerdo, parte de sus fibras más sensibles y humanas y como no abría de ser así si sus gentes brindan una sonrisa a todo el que llega, en  donde es fácil hacer amigos con tan  solo saludar, en  donde la naturaleza da sus frutos como queriendo sanar las heridas que dejó la guerra en sus hijos; son los duraznos y las fresas, la cebolla y el repollo, las manzanas de la Vega y el maíz y el trigo de la Chamba,  frutos que hacen de esta tierra un lugar único, sencillo, lleno de riquezas y de gentes buenas.

 Bábega apareció por primera vez en la historia colonial de nuestro país como un floreciente resguardo con más de 200 indios  al mando del padre Jurado por allá en el año de 1590,  iniciando la construcción de la hacienda Bábega que después legó su nombre a la comarca y que hoy en día es conocida como la Chamba.

En este sitio, -La Chamba- tenían sus bohíos los indios Chitareros viviendo tranquilos y apacibles como los Camargo, los Flórez y los Mendoza  de hoy en  día.

Expertos alfareros, su vida transcurría entre el cultivo del maíz, la caza de especies menores y después de la llegada de los españoles hicieron parte de su vida el cultivo del trigo y el trabajo en las minas obligado por los encomenderos

Poco a poco se inició la construcción del pueblo más abajo del resguardo, tal vez por la cercanía a las fuentes de agua, pero la base del desarrollo fue el molino  primer nombre del corregimiento por la existencia de varios lugares en diferentes momentos que utilizaban la fuerza del agua para el procesamiento de los granos.

Familias enteras llegadas de Pamplona y Vélez se asentaron en estas tierras y ya para 1900 eran parte de un pueblo pujante y multiplicador de la economía de Silos pues  bien sea por su clima, la fecundidad de sus tierras o  de sus aguas termales día tras día más y más gente llega a estas tierras jalonando el progreso de la misma. Fue erigido como corregimiento el 7 de febrero de 1909.

En diciembre de 1927 el gobierno nacional creo la oficina telegráfica y en octubre de 1928 el gobierno departamental estableció la oficina telefónica. 

El 7 de septiembre de 1930  se trasladó la imagen de nuestra señora de Chiquinquirá, salvada milagrosamente de un voraz incendio que destruyó la caseta de Cepitá, en donde era venerada por propios y extraños. En este incendio falleció la propietaria de la imagen y aunque pertenece eclesiásticamente a Chitagá, fue trasladada a Bábega pues meses antes de este desgraciado acontecimiento, la dueña se la había regalado al padre Martínez para que fuese venerada en el corregimiento.

La asamblea de 1931 le destinó la suma de $ 3.000 para una planta eléctrica que iluminó al poblado durante mucho tiempo.

Por el año de 1943 contó con tres escuelas muy concurridas, cada una con local propio y una estación de policía también del corregimiento.

Para la década de 1950 su economía era una de las más pujantes del departamento, su producción de maíz, trigo, cebolla y hortalizas hicieron imprescindible la construcción de la carretera que uniera a Bábega con Bucaramanga y otras latitudes.

El sacerdote de la localidad Presbítero Martínez consiguió que los dueños de la hacienda Bábega, hoy la Chamba, quienes eran los padres del poeta Cote Lamus cambiaran el nombre de la misma por Villa Josefa, para no volver a llamar al poblado “El Molino” sino Bábega, instaurándose una multa de $0.50 al que continuara con la costumbre. El dinero de las multas se invirtió en la terminación de la capilla.

Queda la pregunta de porque el nombre Babega, su origen y aun mas el de la Chamba que puede ser el de la reducción de la expresión "chamber of commerce" que al tener que renovar sus permisos de trabajo decían voy a la chamber... Y de ahí Chamba, probablemente era tal la cantidad de trabajo que se generaba en dicha hacienda que puede haber alguna relación.

Bábega se vio afectada por un desastre que partió en dos su historia: a mediados de 1953 las aguas que surcaban la población inundaron la misma y arrasaron la población dejando un sin numero de damnificados pero la pujanza de sus gentes realizó el milagro de renacer de sus cenizas como el ave fénix y aunque los quebrantos de la violencia también han afectado a sus gentes ha seguido siendo el rincón de progreso que sus gentes han instaurado.







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